lunes, agosto 11, 2008

24. Ofrenda

Como los gatos, que para ganarse tu cariño y tu aceptación en la manada, te ofrendan el cadaver de un pájaro, cuidadosamente puesto en medio de tu tapete más caro. Así mismo yo, para ganarme tu amor te ofrendo los pedazos remendados de esta miserable existencia que llevo a cuestas, poniéndola cuidadosamente en la delicadeza de tus dedos. Espero qué, como los humanos hacemos con los gatos, no te escandalices y termines abriendo tu ventana y sacándome de tu vida, ofendida por lo grotesco de mi ofrenda.

domingo, abril 01, 2007

23. Caronte

Yo siempre supe que la frase "te amo" no era más que un mantra
con el cual maldecías mi alma enferma y la condenabas al infierno
y sometías mi voluntad para enviarme al matadero
porque también sabia que te alimentas de las almas
sin embargo me deje someter a tu tortura porque estoy enfermo
soy un vagabundo con un tumor en el corazón que huele a cáncer
y no me puedes matar porque yo ya estoy muerto
cuando me termines de consumir me llevaras dentro de tí
como una infección, como una cruz
heredas mi maldición a través de mi boca
navegaras por siempre en el estigia
y aunque estoy en todo lado jamas me volverás a ver

viernes, febrero 02, 2007

22. Extraño

Entré a la habitación y ví una silueta, era un hombre de traje oscuro y ojos que brillaban como rubíes, me preguntó quien era yo. Me dí cuenta en ese momento que realmente, era yo el extraño. Me cubrí el rostro con vergüenza y huí precipitadamente.
Eso es todo lo que recuerdo.

martes, octubre 10, 2006

21. Caníbal

Debo detenerme.
Debo morir.
Debo empezar todo de nuevo.
No encuentro ningún boton que lo detenga todo.
No me encuentro.
La niebla es densa y por eso no me encuentro.
Entre los escombros mojados, ahí debo estar.
Debo cavar para encontrarme.
Debo arrancarme y comerme mi carne.
Hasta pelar los huesos.
Hartarme con mi carne para estar dentro de mí.
Por fín.
Comenzar todo de nuevo.

martes, septiembre 26, 2006

20. azul

Todo lo que escucho es un eco vacio, como el del caparazon de un caracol
usé todo lo que quedaba de mi fuerza para luchar contra el mar
y ahora me quedo abandonado, a la deriva, flotando en lo que queda de mi barco
dejo que el sol me abrace, y termine con lo que dejo el mar
ya no tengo fuerzas para remar
aleteo con mis dedos para sentir la humedad del agua
para juguetear con los tiburones hambrientos
de aquel marino fuerte e impetuoso, poco o nada queda
abre tus fauces hermoso mar azul y engulleme por completo
sepulta este cuerpo tatuado de derrota
acoge mi cuerpo y mi alma despedazadas en tu inmensidad
se mi nuevo hogar.

lunes, junio 19, 2006

19. Punzón

De rodillas, cobijado por mi sombra y un frio penetrante que me hace sentir con fuerza la calidez de mis lagrimas, y todo su recorrido hacia mi quijada, para luego finalizar en una fuente de angustia pura, miedo y desesperanza.

La caja a la que he sido confinado no tiene agujeros para mirar hacia afuera, a ver si todo lo que extraño aún esta ahí, pero es lo suficientemente oscura para no saber que hay adentro ademas de mi cuerpo bañado en agua-sal y las 22 libras que pesa mi alma desajustada.

Me razguño la piel, tan fuerte como puedo, para poder encontrar cables y circuitos, para hallar las conexiones que me hacen sentir este punzon agudo en el pecho, y desconectarlas por completo; luego me doy cuenta que mis brazos no son lo suficientemente fuertes para arrancar mi coraza externa y que no tengo hilo y aguja para poder adherir los trozos de mi coraza al chasis principal.

Al no poder apagarme, me siento en una especie de purgatorio. Encerrado de rodillas mientras llegas a abrir mi caja y cuidarme. Yo no fuí programado para eso.

sábado, marzo 04, 2006

18. Ático

He vuelto para desempolvar esta caja de recuerdos,
para sentarme a escuchar de nuevo la desafinada música y el horrible chillido del eje sobre el cual giraba la bailarina.
Me gusta mirar en silencio los frascos en los que coleccionaba moscas, y recuerdo cuando las agitaba y las veía revolotear torpemente contra el vidrio; pero ahora yacen en medio de su miseria.
Miro los trozos de papel amarillento en los cuales yo hacia anotaciones que ahora no recuerdo, de todos modos no puedo ver bien pues he perdido un ojo, y el polvo nubla la vista del que me queda bueno.
Lo que más me alegra es encontrar la caja en la que guardé mi último aliento juvenil, la tome en mis manos y me arrancó una sonrisa, pero tuve miedo que se abriera y la guardé y me retiré en silencio.
Tan en silencio como entré.
Tan en silencio como siempre.